La mitad de las PyMEs pierden entre una y tres horas diarias por empleado en tareas que podrían eliminarse o simplificarse con herramientas que ya tienen. Encontramos exactamente dónde se va el tiempo — y te mostramos cómo recuperarlo.
La mayor parte de la improductividad operativa no se esconde en sistemas complejos ni en procesos rotos. Se esconde en la brecha entre cómo se supone que debe hacerse el trabajo y cómo se hace realmente cada día.
Los gerentes saben que algo funciona lento. Los empleados saben que ciertas tareas no tienen sentido. Pero nadie lo mapeó. Nadie lo midió. Y como es invisible, persiste.
La misma información cargada dos veces en sistemas distintos. La misma aprobación pedida a dos personas. La misma actualización enviada por mail y por WhatsApp.
Preguntas que existen porque la información no está donde debería estar. Reuniones convocadas porque una decisión no se tomó cuando correspondía.
Un pedido que pasa por cinco personas antes de llegar a quien puede actuar sobre él.
Autorizaciones que existen por costumbre, no por gestión real del riesgo. Frenan todo sin agregar control genuino.
Estas pérdidas se acumulan silenciosamente en cada área, todos los días.
No mandamos cuestionarios. No revisamos organigramas. Entramos y observamos — con atención, sistemáticamente, sin alterar el ritmo de tu equipo.
Antes de llegar, alineamos qué áreas, equipos o flujos de trabajo vamos a observar. Definimos los límites para que los tres días sean focalizados, no difusos. Sin tarea previa para tu equipo — solo una conversación breve con la dirección.
Nuestros consultores trabajan junto a tu equipo — observando, registrando y haciendo preguntas precisas. Anotamos interrupciones, medimos duraciones de tareas, trazamos flujos de información y marcamos cada punto donde el trabajo se frena o se duplica.
Procesamos nuestras observaciones en un análisis estructurado: qué ineficiencias cuestan más tiempo, cuáles son más fáciles de eliminar y cuáles requieren un cambio de proceso versus un simple cambio de hábito. Construimos el mapa de prioridades.
Presentamos un mapa claro y visual de dónde se pierde el tiempo — con propuestas concretas para cada punto, ordenadas por impacto. Recibís un documento sobre el que tu equipo puede actuar de inmediato, sin necesidad de contratar desarrolladores ni comprar software nuevo.
Tareas que llevan más de lo necesario por falta de insumos claros, contexto faltante o esperas en cadena. Las cronometramos y trazamos una por una.
Trabajo que se mueve entre personas, herramientas y canales generando fricción en cada traspaso. Mapeamos el recorrido completo de cada tarea clave de principio a fin.
Puntos de decisión que no corresponden al nivel de riesgo real de la decisión. Identificamos dónde puede delegarse autoridad sin perder control genuino.
Los sistemas informales que tu equipo armó para rodear procesos oficiales rotos — grupos de WhatsApp, planillas personales, acuerdos verbales. Son señales, no soluciones.
No un informe genérico. No una lista de recomendaciones que ya escuchaste. Un documento específico, visual y priorizado, construido a partir de lo que observamos en tu empresa.
Un diagrama claro de cómo se mueven realmente la información y las tareas en tu organización — con los puntos de fricción marcados.
Cada ineficiencia identificada con una propuesta concreta para eliminarla o reducirla, ordenada por impacto en tiempo.
Cambios que podés implementar en la primera semana — sin presupuesto, sin herramientas nuevas, sin reestructuración organizacional.
Recorremos los hallazgos con tu equipo directivo en una sesión estructurada para la discusión y la toma de decisiones.
Creemos en ser claros sobre lo que hacemos. Esto te ayuda a decidir si somos la opción adecuada antes de que hablemos.
El diagnóstico empieza con una conversación. Contanos sobre tu operación y te explicamos cómo funcionaría el proceso de observación de tres días en tu contexto.
Iniciar la Conversación